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Educar para una Ciudadanía Global

14/07/2006 GMT 1

Mundialización capitalista y ciudadanía

lasmatas @ 22:00

Rafael Diaz salazar escribió este artículo para El Pais , aquí se puede leer una parte, el artículo completo lo podeis encontrar aquí

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La contracultura ciudadana necesaria para un nuevo internacionalismo está hoy taponada por el imperio del individualismo posesivo. Éste es permanentemente realimentado por la industria cultural de masas, que está generando, especialmente a través de la televisión, lo que Vázquez Montalbán ha denominado una cultura propia de simios. Sartori, en su Homo videns , ya ha advertido sobre los estragos culturales de la producción televisiva dominante, y Enzensberger ha afirmado que estamos en sociedades de "analfabetos secundarios" por mucho que crezca la escolarización.

Culturalmente, tenemos el "planeta de los simios" a las puertas. Si la manufactura del idiota colectivo prosigue a través de una sofisticada tecnología de alienación cultural, no sólo peligra la salud mental pública, sino la misma democracia, que requiere para su reproducción una cultura política de implicación ciudadana.

La construcción de un internacionalismo democrático radical debe ser el primer y principal objetivo para el siglo XXI. Para ello necesitamos nuevas formas de producción de cultura y de política. En primer lugar, se requiere generar identidades personales y colectivas en las que el cosmopolitismo internacionalista pese más que el localismo o el nacionalismo. Frente al choque de civilizaciones atisbado por Huntington, impulsemos el diálogo de civilizaciones sin miedo a las contaminaciones culturales. Nuestras identidades pueden ser mestizas y con ellos nos enriquecemos como personas que aspiramos, ante todo, a ser ciudadanos del mundo como patria colectiva. En segundo lugar, debemos activar la democracia expansiva frente a todo tipo de fortificaciones y atrincheramientos. El internacionalismo democrático radical tiene un componente político que nos exige presionar para acabar con todo tipo de dictaduras y tiranías; ahora bien, su dimensión económica es esencial. Ninguna democracia política puede desarrollarse si existe la dictadura de la pobreza y, por ello, es imprescindible fortalecer políticas internacionales de redistribución de la riqueza.

Necesitamos, pues, una cultura que produzca política, que convierta a los individuos en ciudadanos. Toda cultura es fruto de un proceso de socialización. Por este motivo sería muy importante crear, desde la sociedad civil y desde el Estado, un nuevo contrato cultural entre los agentes básicos de socialización: familias, centros de enseñanza y medios de comunicación social. Su finalidad sería consensuar unos mínimos compartidos de educación cívica para alcanzar cuatro objetivos: generar ideales colectivos altruistas, formar el hombre-mundo frente al hombre-patria, adiestrar en la práctica de virtudes públicas e insertar a las personas en asociaciones y movimientos de participación social. Frente a la cultura de simios, engendremos un Leonardo colectivo, un tipo de ciudadanos universalistas, preocupados y ocupados en la tarea de construir un planeta humanamente habitable. El gran desafío para el siglo XXI es la construcción de esta ciudadanía internacionalista, sólo así este tiempo podrá ser el escenario de un nuevo Renacimiento de masas. El reto, pues, es éste: cosmopolitismo solidario o barbarie.

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